15.2.12

BUENOS AIRES ESTILO MACRI: CANCION DE CUNA PARA UNA CIUDAD EN COMA. - Artículo del Prof. Aníbal Gotelli Presidente del IpeBA

El año 2011 fue raro en la Ciudad de Buenos Aires, sobre todo en lo que a resultados electorales se refiere.

 

Las elecciones porteñas 2011 fueron ganadas abrumadoramente por el Procismo de Mauricio Macri, pero meses después, las elecciones presidenciales, en la misma Ciudad, las ganó abrumadoramente la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien era el mayor objeto de ataque, denostación y ridiculización por parte del propio Mauricio Macri y sus colaboradores y cómplices más cercanos y conspicuos.

 

No puedo dejar de reconocer que el resultado contradictorio de ambos procesos eleccionarios no ha dejado de sorprenderme; pero, a la vez, debo decir que entre tanto desconcierto, el mismo resultado contradictorio me produjo una extraña sensación de esperanza y de confianza en un futuro mejor, porque he comprendido que Buenos Aires no es de nadie, sino que es un distrito de librepensadores, que votan de acuerdo a lo que ven, a lo que le explican bien y a lo que les produce menos incertidumbre.

 

Es evidente que, si volvió a ganar Mauricio Macri es porque Macri fue más hábil (en realidad su laboratorio de marketing político) en mostrar bien lo poco que hizo. Y por el contrario, los demás perdieron porque no supieron mostrar bien y claramente, todo lo que Mauricio Macri no pudo hacer, no quiso hacer o no supo hacer, y que fue realmente mucho, por cierto.

 

Macri ha demostrado ser, nuevamente, un gerente torpe; pero sus adversarios han sido torpes al momento de señalar la palmaria torpeza de un contendiente terriblemente débil, vulnerable y sin capacidad intelectual, ni oratoria ni administradora.

 

Buenos Aires está hecha un asco y nadie pudo, al parecer, dejarlo absolutamente en claro durante el último proceso eleccionario, evidencia sobre evidencia, fracaso sobre fracaso.

 

Buenos Aires se ha convertido en una ciudad caótica, en una ciudad hostil, desordenada, sucia, insegura; en una Ciudad que pese a contar con los mejores médicos y enfermeros de América Latina, tiene hoy un servicio de salud deficiente y deficitario; en una Ciudad que pese a tener tradicionalmente los mejores educadores de América Latina y de tener los más altos índices de capacitación y de educación, tiene una escuela pública abandonada de la mano de su estado, un estado que avanzó vergonzosamente sobre las juntas de calificación docente y se retiró, también de manera palmaria y vergonzosa, de la noble y fundamental tarea de construir escuelas, de calefaccionar escuelas y de dar seguridad a nuestros hijos en nuestras escuelas.

 

Buenos Aires se ha convertido en una ciudad injusta, llena de evidentes asimetrías; una ciudad en la que miles y miles de hermanas y hermanos porteños viven en condiciones infrahumanas, hacinados en viviendas indignas, y separados de sus hermanos más prósperos del norte por una especie de cortina de asfalto que, curiosamente, lleva el nombre de Rivadavia, uno de los personajes más obscuros, más centralistas, más aristocratizantes y más cipayos de nuestra historia nacional.

 

Buenos Aires se ha vuelto una ciudad con un sistema de transporte colapsado, en el que se viaja espantosamente mal; una ciudad que también tiene colapsado su sistema de tránsito, su sistema cloacal y su servicio de limpieza urbana.

 

Buenos Aires se ha convertido en una ciudad sitiada, aislada, con un gobierno Procista que carece de visión geopolítica y metropolitana; un gobierno que no termina de entender la interdependencia de nuestra ciudad con su entorno conurbano, que no termina de comprender que los problemas que hoy tenemos los porteños pueden solucionarse mejor sentándose a pensar y a coordinar junto a los intendentes vecinos; un gobierno que no termina de entender que nuestros ríos subterráneos nacen en el conurbano, que nuestros mayores flujos de pasajeros vienen del conurbano y que cada día cuatro millones de personas vienen a la ciudad de Buenos Aires desde el conurbano.

 

Buenos Aires es una ciudad que, a pesar de no tener ni remotamente los índices de inseguridad de otras ciudades que he conocido, es una ciudad que tiene muy descuidada su seguridad; una ciudad que ha creado una Policía Metropolitana que nadie tiene todavía muy en claro para qué sirve y que, además no previene nada, no evita nada y no cuida a nada ni a nadie.

 

Buenos Aires es una ciudad centralizada, con un centro, un macrocentro y un microcentro atestados de autos, de colectivos, de motos y de bicicletas, que circulan anómicamente, sin ordenamiento y sin ningún control; una ciudad con un gobierno Procista que nos llenó de bicisendas vacías y de plazas llenas de flores pero también llenas de gente sin techo, sin futuro y sin ninguna asistencia por parte de un estado porteño ausente, insensible y típicamente neoliberal, sin ningún interés por lo social.

 

Buenos Aires se ha convertido en una ciudad que no se ocupa ni se preocupa por sus niños, sus adolescentes, sus viejos, sus locos, sus enfermos; una ciudad con un gobierno que no siente ningún remordimiento ante su propia inoperancia y su propia inactividad sobre las problemáticas de violencia adolescente, abuso sexual infantil, violencia contra la mujer y la tercera edad; una ciudad a la que parece no importarle nada de nada, salvo la construcción, el gasto en cemento y una pasión morbosa por asfaltar y asfaltar a troche y moche, sin ninguna planificación.

 

Yo amo profundamente a Buenos Aires. Pero a mi esta Buenos Aires, tal como está y tal como la están dejando los gestores torpes y cosméticos de la gestión Procista, no me gusta para nada.

 

Yo que amo profundamente a Buenos Aires, cada vez estoy más cansado, más triste y más fastidiado de vivir en Buenos Aires; y por lo que veo, escucho y me dicen, somos muchos (cada día más) los que aún amando a Buenos Aires, no queremos seguir viviendo en esta Buenos Aires sucia, desordenada y hostil.

 

Por eso, y lo repito y lo volveré a repetir hasta el cansancio: no me cabe duda de que el nuevo triunfo de Mauricio Macri en 2011 se ha debido a la blandura de sus contendientes y no a la brillantez de su gobierno, porque en verdad ha sido francamente lamentable. Lamentable desde lo político. Lamentable desde lo ideológico. Lamentable por su torpeza de gestión. Lamentable por sus gestores des-ideologizados y anti-política. Lamentable porque su concepción del gobierno como empresa con pérdidas y ganancias ha hecho que toda actividad no rentable haya sido abandonada por el estado porteño.

 

Macri es lamentable. Lamentable como político. Lamentable como gestor. Lamentable como gobernante. Lamentable como ideólogo. Inexistente como intelectual.

 

No tengo ganas de disfrazar ni un solo pensamiento. Y pienso escribir en estas páginas cada uno de los pensamientos que tengo con toda la carga crítica que sea necesaria porque creo que una persona como Mauricio Macri no se merece ninguna piedad, tanto, como él mismo no le tuvo piedad ni a los habitantes de Buenos Aires, ni a los maestros de Buenos Aires, ni a los médicos de Buenos Aires, ni a los desposeídos de Buenos Aires, ni a los pasajeros de colectivos y subtes de Buenos Aires, ni a los comerciantes de Buenos Aires, ni a ninguno de todos los que han sido perjudicados por una gestión de gobierno indolente e inservible.

 

No creo en el silencio contemporizador. Ante la injusticia, ante la violencia intelectual, ante la inoperancia de los gobernantes, el silencio nos hace cómplices de su injusticia, de su violencia y de su inoperancia.

 

Yo no quiero ser cómplice de Mauricio Macri.

 

No tengo ganas de ser compasivo. No tengo ganas de disfrazar mi disgusto detrás de una falsa moda de contemporización política donde todos tienen que mirarse con cara amigable.

 

Macri no es amigable con sus contendientes. Macri se hace el amigable con sus contendientes, que es distinto. Y lo hace no porque lo haya pensado él mismo, sino porque su laboratorio de marketing político se lo dicta, se lo escribe y se lo hace ensayar.

 

Yo veo a Buenos Aires, a mi Buenos Aires, a nuestra Buenos Aires, que fue el faro cultural, social y político de América Latina, derrumbarse en estos últimos años como nunca lo habíamos visto.

 

Yo creo que ningún porteño, salvo una porción de ultraderecha, o derecha neoliberal, puede estar contento con el gobierno de Mauricio Macri. Yo estoy seguro que más del 60% de los porteños que votaron por Macri no lo hicieron porque lo quieren a Macri o porque son Procistas o Macristas. Si fuera así, no hubiese ganado –sólo pocos meses después- la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner con una abrumadora mayoría en la Ciudad de Buenos Aires la re-elección presidencial.

 

Estoy convencido de que el problema fueron las propuestas inadecuadas o mal comunicadas de los contendientes de Mauricio Macri en la última elección.

 

Los militantes y los dirigentes porteños nacionales y populares, los que conformamos y articulamos la oposición a Mauricio Macri, no debemos perder las esperanzas porque todos sabemos que en la Ciudad de Buenos Aires en la última elección porteña no ganó Mauricio Macri, sino que ganó Cristina.

 

No pudieron explicar ni hacer entender la gravedad del diagnóstico porteño: un COMA PROFUNDO.

 

Y el gobierno de Macri (si es que a este modelo de no-gestión y de cesión de privilegios y concesiones a sus amigos puede llamarse gobierno) es tan sólo una especie de CANCIÓN de CUNA para una Ciudad que está en ESTADO DE COMA.

 

Buenos Aires, la Buenos Aires real, cotidiana y subcutánea está en coma. Buenos Aires está en coma pero Mauricio Macri cree que la Ciudad está durmiendo.

 

Buenos Aires necesita un estadista y este pobre muchacho no es, ni siquiera, un simple gerente mediocre, con la única virtud de su mala intención, una intención torcida hacia la derecha, con el único objetivo de beneficiar económicamente a las empresas de sus amigos, de sus secuaces y de sus testaferros, y dirigido –como una triste marioneta- por los expertos pagados de su laboratorio de marketing político. Macri vence, pero no convence.

 

Macri gobierna, pero no lidera.

 

No tiene una estructura partidaria con mística y organización, y sin organización no podrá vencer al tiempo.

 

Ha pasado muchos años hablando en contra de la necesidad de los partidos políticos y de la perversidad de las estructuras partidarias.

 

Craso error. Fatal error.

 

Si nos organizamos y pensamos logísticamente nuestro triunfo y no su derrota, le haremos pagar -con el peso irrefutable de las urnas- toda su torpeza y toda su prédica antidemocrática.

 

Macri no tiene ni genera mística.

 

La ideología de Macri es la prédica permanente de la no-ideología.

 

Macri no tiene nadie que se juegue por él.

 

Él acostumbró a su equipo a cambiar de empresa cuando se recibe una oferta salarial mejor.

 

Someter a la Política a las leyes del Mercado es un error fatal que, tarde o temprano, se paga con la derrota. Y ese debe ser el motor de nuestra esperanza y de nuestra fiereza militante. Tenemos que sacar a Buenos Aires de su testado de coma. Y el 2013 es la primera de nuestras oportunidades de empezar a terminar con este coma que, en el 2015, debe estar absolutamente terminado.

 

El coma de Buenos Aires, es profundo, muy profundo. Es un coma profundo y visceral, porque en primer lugar es un coma constitucional, institucional y político.

 

Ya lo decía yo hace dos años, en un artículo que publiqué, titulado "Buenos Aires Macrista: entre Macondo y Disneylandia" [1] y que fue reproducido por varios medios porteños[2].

 

Pasaron casi dos años de aquel artículo. Sin embargo nada ha cambiado en la Ciudad de Buenos Aires. Sus párrafos principales tienen todavía una vigencia aterradora.

 

Hace más de cuatro años que esperamos el milagro, pero Lázaro ni se levanta ni camina.

 

A esta altura nos estamos preguntando seriamente qué pasa con la actual gestión de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con este Lázaro mimado de la Neoderecha residual que todavía ni se levanta ni camina, y cuando camina un poco, no terminamos de entender si avanza o retrocede.

 

La Neoderecha residual porteña, que se anunciaba y se vendía como la aeronave insignia de la flota de la eficiencia, carretea.

 

Carretea pero todavía no despega.

 

El Gobierno porteño dice que está haciendo a Buenos Aires, y sin embargo la vemos deshecha.

 

El Gobierno porteño dice que la Ciudad está cada día más limpia y que los contratos de la basura son ejemplares, y sin embargo la Ciudad está cada día más sucia.

 

El Gobierno porteño dice que está solucionando el problema del tránsito, y sólo vemos que su política de saneamiento vial se debate entre pruebas piloto de cambio de mano, de doble mano y de contramano.

 

El Gobierno porteño dice que está poniendo linda a Buenos Aires, y sin embargo vemos que sólo hace lindas (pero ineficaces) peatonales en el ejido céntrico[3], ilumina lo visible y sólo embellece lo que van a ver turistas, inversores y visitantes.

 

El Gobierno porteño, antes de llegar al Gobierno, prometió subtes, escuelas y desagües, y sin embargo, ahora que está en el Gobierno, no hace ni una cosa, ni la otra, ni ninguna otra obra de carácter estructural para nuestra Ciudad.

 

El Gobierno porteño, para llegar al Gobierno, prometió solucionar la problemática de las villas de emergencia, y sin embargo, los problemas de los habitantes de los asentamientos y la profundidad de sus carencias se han agudizado.

 

El Gobierno porteño dice que con la creación de la Policía Porteña tendremos más Seguridad, y sin embargo, somos muchos los porteños que pensamos que sólo vamos a tener una especie de "Armada Brancaleone", una fuerza policial metropolitana, descoordinada y superpuesta en funciones y competencia con la Federal y que sólo terminará sirviendo para callar las protestas de los rebeldes, los quejosos y los insumisos que se manifiesten contra el gobierno de Mauricio Macri.

 

El Gobierno porteño dice que está librando una feroz batalla contra los municipales vagos, persiguiendo ñoquis y eliminando puestos innecesarios, y sin embargo, el Estado porteño ha sobredimensionado su estructura y aumentado sus gastos corrientes elevando los sueldos de los altos mandos, creando agencias públicas y expandiendo la burocracia.

 

El Gobierno porteño dice que regularizó y desreguló la Obra Social porteña y sin embargo, sólo aplicó un tibio programa de reformas cosméticas y un crudo modus operandi –típicamente de Neoderecha- de supresión de contratos, persecución de empleados y reasignación de tareas.

 

El Gobierno porteño parece fundar todo su orgullo como gestión de gobierno en el hecho de estar tapando baches y arreglando veredas. Pero ya somos muchos los que nos preguntamos ¿qué tiene de extraordinario o de meritorio que un gobierno municipal tape baches o arregle veredas?.

 

Eso lo hace cualquier gobierno municipal, porque esas tareas constituyen la obligación primaria de todo gobierno municipal. La municipalidad de un distrito de 1000 habitantes tiene también la obligación de tapar baches y arreglar veredas, pero la Ciudad de Buenos Aires no se merece una gestión de veredistas y bacheadores.

 

El Gobierno porteño dice estar trabajando por la Educación, y sin embargo, los maestros se quejan, los padres se quejan y los alumnos se quejan.

 

El Gobierno porteño dice estar trabajando por la Salud, y sin embargo, los médicos, las enfermeras y los enfermos de nuestros hospitales se quejan por el mal trato, por el destrato y por la falta de insumos.

 

El Gobierno porteño dice estar trabajando por la Cultura, y sin embargo, se cierran centros culturales barriales y se quejan los actores, los directores, los escritores, los productores y todos los profesionales vinculados con el Arte.

 

El Gobierno porteño dice que podría hacer todavía muchas más obras si tuviese más dinero, pero sin embargo, nunca un gobierno porteño tuvo tanto dinero en sus arcas como el actual gobierno de Neoderecha residual.

 

¿Y todo esto por qué sucede?, ¿por qué sigue sucediendo a pesar de casi cuatro años de gestión de gobierno de Mauricio Macri?.

 

La respuesta es simple: el Jefe de Gobierno Mauricio Macri no está cumpliendo con sus deberes asumidos cuando decidió ser y luego decidió jurar como funcionario público.

 

Reitero. La razón es fácil: Macri es una especie de médico torpe y mal intencionado que ve a la Ciudad de Buenos Aires en coma, pero él insiste que está dormida, y lo que es peor, quiere hacernos creer a nosotros que con él como médico de cabecera la Ciudad va a mejorar.

 

Pero los porteños sabemos que Mauricio Macri no es la solución para el estado de coma en que se encuentra Buenos Aires, sino que es una de las causas más importantes del colapso vital de nuestra Ciudad.

 

 

 



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