31.1.12

Vecinos de Palermo se quejan que en la Plaza Las Heras es imposible no pisar bombitas de caca.

Si tomamos en cuenta que al rededor 750 perros de paseadores cagan la
plaza pública más los 1000 perros que salen a pasear con sus dueños,
esto da al rededor de 1750 perros por mañana que cagan el espacio
público que es de todos.

El tema de las cacas de perros en la calle es en realidad el tema de
la responsabilidad individual en el uso de la ciudad. Igual que tirar
papeles en la calle. Pero como en este caso hay caca involucrada la
cosa se vuelve más patente. Claro que es feo andar levantando caca de
tu perro en la calle, pero más feo es andar esquivando la caca de los
mil perros ajenos. Cuando veo a alguien levantando la caca de su perro
me compadezco y le tiro imaginaria buena onda.


Problemas de visión de un ojo llevaron a Santiago, de seis años, a la
consulta médica. ¿El diagnóstico? Toxocariasis ocular, una enfermedad
transmitida comúnmente por heces de perros infectadas por parásitos
que puede llevar a la ceguera.

Santiago no es el único. "Todas las semanas recibimos un caso nuevo de
un niño afectado por esta dolencia -señala el doctor Julio Manzitti,
jefe de oftalmología del hospital de pediatría Garrahan, centro de
referencia donde se derivan pacientes de distintos puntos del
conglomerado urbano-. En su mayoría son pequeños de dos a siete años
los que suelen jugar en el suelo y con frecuencia se llevan tierra o
distintos objetos contaminados a la boca, puerta de entrada del
parásito", agrega Manzitti, que también es docente de la Universidad
de Buenos Aires (UBA).

Contra lo que habitualmente se cree, la superficie de la plaza puede
parecer limpia porque la materia fecal se desintegró, o porque no
existe olor alguno, pero igual puede estar infectada. Es que la vía de
contagio resulta imposible de divisar. Son huevos microscópicos de
gusanos que sobreviven meses a la espera de un hospedador. Una vez que
lo encuentran eligen su intestino para alojarse hasta convertirse en
larvas que atravesarán la pared intestinal y serán diseminadas por la
sangre a distintos órganos, como el cerebro, pulmones, corazón, hígado
o el ojo. En este último caso se manifiesta toxocariasis ocular.

Todo esto es la consecuencia de un solo parásito: toxocara canis, pero
no es el único que genera trastornos y se contagia a través de las
heces infectadas de mascotas. Existen otros y también están muy cerca.
"En la Capital Federal, el 100 por ciento de las plazas estudiadas
presentó contaminación. Se hallaron huevos de toxocara, ancylostoma,
trichuris, dipylidium, taenia, capillaria -precisa un estudio
realizado por el laboratorio de Parasitología General de la Facultad
de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-. Una de cada cuatro heces
analizadas se encontró infectada por algún parásito. Es una cifra
preocupante", puntualiza la bióloga Diana Rubel, integrante de este
equipo que evalúa desde hace más de una década diferentes paseos
públicos porteños.

Año tras año siempre halla la presencia de ancylostoma caninum, que
produce dermatitis o larva migrans cutánea. "Este parásito puede
causar picazón o ardor cuando ingresa a través de la piel, donde es
posible observar una lesión serpenteante. Se trata del camino
realizado por la larva", describe Rubel. Si en lugar de ingresar por
la vía cutánea lo hace por la boca puede provocar infección
intestinal, según se detectó en la década del 90.

A criterio de ambas especialistas, cada vez aumentan más las
probabilidades de padecer las distintas dolencias que contagian esta
amplia gama de parásitos debido al "mayor contacto de la gente con los
espacios verdes contaminados. La costumbre de tomar sol en las plazas
con traje de baño, que se extendió durante los últimos años, aumenta
el riesgo", coinciden.

Vida de perros
¿Cómo frenar este flagelo? Un importante mecanismo preventivo es
desparasitar periódicamente a las mascotas, pero además, en los
últimos años, la Ciudad de Buenos Aires adoptó medidas de control
también evaluadas por los especialistas de la UBA. Durante once años
mantuvieron bajo la lupa la plaza Alberti, en el barrio de Núñez. Allí
se ensayaron métodos para reducir la contaminación de desechos
caninos, como rollos de bolsas plásticas dispuestos en cuatro puntos
del paseo (en 1997), cercos alrededor de los canteros (1998-1999),
carteles con leyendas que recuerdan la normativa de recolección de
heces (1999-2000) y sistema de limpieza por motos con aspiradoras
(fines de 2000).

"Las medidas de control aplicadas no redujeron la contaminación",
concluyó el estudio. ¿Las posibles razones? El barrio registró un
aumento en la edificación y, "como los hombres no vienen solos, sino
que llegan al barrio con sus mascotas, la densidad canina también se
incrementó", subraya Rubel. Otro de los motivos es que el servicio de
motos limpiadoras circula principalmente por caminos y veredas; no
recoge los residuos que fundamentalmente se hallan en superficies
permeables, como canteros. "El perro siempre prefiere el pasto para
defecar, en segundo lugar la tierra desnuda y por último, el cemento",
puntualiza.

Otros cambios como la forestación y el riego proporcionaron
condiciones de sombra y humedad que pueden favorecer la supervivencia
de los huevos de parásitos. Asimismo, "las organizaciones vecinales no
lograron el uso masivo de las bolsas", indica.

Por otra parte, en el canil de Barrancas de Belgrano se obtuvieron
resultados significativos: tanto adentro como afuera se registraba la
misma densidad de heces.

El laboratorio de Parasitología General (FCEyN, UBA) no sólo estudió
la ciudad de Buenos Aires, sino también el conurbano bonaerense. Allí
la contaminación es mayor comparada con las plazas porteñas. "En
barrios residenciales del municipio de San Martín la densidad canina
alcanzaría los 2114 perros por kilómetro cuadrado, y esta cifra puede
ascender a 3575 en zonas precarias", puntualizó Rubel. El porcentaje
de perros parasitados también suele ser mayor en las zonas precarias,
lo que constituye un mayor riesgo sanitario. La cantidad de mascotas
en relación con el número de habitantes también es superior en el
conurbano. En San Martín, el promedio es de un perro cada 4-6
personas, en tanto que en territorio porteño es de 7,45.
Convencida de que debería estudiarse urgentemente cuál es el método de
control más efectivo, Rubel señala uno al alcance de todos: "Si las
heces se levantaran frescas se lograría una reducción importante de
infección. Esto sólo puede alcanzarse con una campaña monitoreada y
evaluada, lo que requiere decisión e inversión por parte de las
autoridades".

No recoger los desechos caninos puede costar un ojo de la cara.
"Provoca indignación atender a un niño que pierde su visión por un
problema prevenible. Sólo es cuestión de tomar conciencia".

Sólo los perros se dignaban a visitar el remoto pueblo de China.

Un pequeño pueblo en las montañas del centro de China que hasta ahora
se llamaba Goushi ("Caca de Perro") logró cambiar su desagradable
nombre después de que sus vecinos completaran los trámites legales
necesarios, informó la prensa local.

La remota aldea, de 285 habitantes, se llamará desde ahora Jinxin, que
significa "Feliz y Próspera", un nombre que fue elegido por el
director del Buró de Seguridad Pública de la provincia de Guizhou,
donde se encuentra la localidad.

Durante siglos, el pueblo era conocido como Goushi porque, según
cuenta el saber popular, era un lugar tan remoto que sólo los perros
se dignaban a visitarlo, y sólo con la intención de hacer allí sus
necesidades.
El nombre ha sido "humillante" para los habitantes del lugar durante
generaciones, por lo que 69 vecinos escribieron una petición de cambio
de nombre, la firmaron con sus huellas dactilares, y la entregaron a
las autoridades de la comarca, contó el diario provincial "Guizhou
City News".

El Buro de Seguridad Pública provincial sopesó 60 posibles nuevos
nombres para el antiguo Caca de Perro, y finalmente optó por Jinxin no
sólo por sus connotaciones positivas, sino porque el carácter "Jin"
significa "policía", por lo que indica un lazo entre los habitantes y
las autoridades que han rebautizado el lugar.

Una de las razones argumentadas por los lugareños para el cambio de
nombre es que desde mayo del pasado año ya cuentan con una carretera
que une el nuevo Jinxin con el resto del mundo, por lo que la idea de
lugar remoto y sólo apto para canes había quedado obsoleta.


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