25.8.07

Moscato, pizza y faina, no sé si la cazan.

Moscato, pizza y faina, no sé si la cazan.

Comerse una porciones de pizza, con una buena muzzarella y salsa de tomate, unas porciones de faina, acompañadas por una birra es un placer inmenso. Hay tantas variedades de pizza que uno no sabe cual elegir, con anchoas, napolitana, jamón y morrones, la fugazzetta con queso, en fin, son innumerables. Pero, como decíamos antes, la pizza ya no es italiana, es patrimonio de la humanidad.
Viajar a Nueva York, por ejemplo, y no probar esas pizzas inmensas y finas, a la piedra, que tienen en los “pizza parlors” es un verdadero sacrilegio. El pizzero amasa la masa en la vidriera y luego la lanza al aire y la abaraja con el puño, estirándola. Un verdadero arte. 


Pero probablemente en ningún lugar del mundo haya tantas variedades de pizza como en Brasil. La inmigración italiana las “importó” pero los brasileños le dieron su sabor local. En los rodizios de pizza se ofrece una variedad de pizzas increíble.
Pasan los mozos una y otra vez y en los moldes , además de las que ya conocemos, las hay con berenjenas, brócoli, mariscos, pescado, ananá, mango, lo que se les ocurra. Además, terminan de matarse con pizza de... chocolate! Y encima también tienen pizza de chocolate blanco. Increíble.
Lo que no muchos saben es que la pizza es sumamente antigua. Luego que el hombre , a través de la agricultura hace unos cuatro mil años, comenzara a planificar su alimentación, descubrió la virtud de los cereales y comenzaron los bolos de masa confeccionados con trigo.
Y fue alrededor del Mediterráneo donde se tienen los primeros registros de su aparición.
En los cumpleaños de los Faraones ya habían hogazas similares. Son muchos también , los escritores helénicos que se refieren en sus trabajos a los distintos tipos de “pizza”.
La “hoffa”, preparada con agua y cebada, fue la base de la alimentación de muchos pueblos latinos. Pero fue en la ciudad de Nápoles donde finalmente encontró la “patria chica” que la lanzó al mundo.
En nuestra ciudad es tan inmensa la influencia de la pizza, que recientemente, el Ministerio de Cultura ha sacado una publicación sobre la historia de las más tradicionales pizzerías porteñas , entre las cuales se destacan Banchero, Guerrin, Las Cuartetas, Los Inmortales, El Fortín, La Mezzetta y tantas otras. (ver nota abajo)

La Pizza es uno de los alimentos, y probablemente de allí su éxito, que más atrae las papilas gustativas por su combinación de queso, tomate, masa y sal. Pero no todas son loas. No. La Pizza es maravillosa, pero a la hora de cuidar nuestra silueta puede ser letal si nos excedemos. Una pizza entera tiene como 1200 calorías.
Y muchas de esas “zapanes” que vemos por ahí, cuando caminamos por Palermo, deben rendirle su homenaje a esta delicia. Entre ellas la de nuestro ilustre amigo y colaborador Magneto. Magneto: Largá los postres y la pizza!


Una guía con la historia de las mejores pizzerías porteñas


Unos 39 comercios integran el libro, elaborado por el Ministerio de
Cultura porteño. El texto invita a un sabroso recorrido por las
especialidades de Banchero, Las Cuartetas, Angelín y Los Inmortales.
Todo un tributo al popular rubro gastronómico.


Las tradicionales pizzerías Banchero, Las Cuartetas, Angelín, Guerrín,
El Fortín, La Mezzetta, Los Inmortales y Burgio integran una guía de
comercios porteños con valor patrimonial que será presentada este
jueves y busca rendir tributo a este popular rubro de la gastronomía,
que es parte de la esencia de la ciudad de Buenos Aires.

El listado de 39 pizzerías forma parte del libro elaborado por el
Ministerio de Cultura porteño, que invita a un sabroso recorrido por
las especialidades de cada una de estas casas, como la muzzarella, la
fainá al verdeo o la fugazzetta con queso.

Detrás de cada mostrador de las pizzerías porteñas hay una historia
que merece ser contada, explicaron los investigadores Horacio Spinetto
y Esteban More, que llevaron adelante la publicación con el objetivo
de divulgar el valor patrimonial de los espacios entrañables para el
sentir porteño.

El libro recorre la historia de la pizza y comienza con la tarea que
encabezaron los precursores napolitanos y genoveses que empezaron a
prepararla a fines del siglo XIX, sobre todo en el barrio de La Boca,
en un local -ya desaparecido- de la calle Del Crucero, en cuya pared
se leía la leyenda "Sole, Pizza e amore".

En 1893, el xeneize Agustín Banchero abrió en el mismo barrio una
panadería, que fue el lugar donde nació la fugazza con queso y en
1932, se mudó a la esquina de Brown y Suárez, e instaló al barrio como
un de los lugares ideales para comer "dos porciones de pizza por cinco
centavos".

En la misma época, desembarcaron sobre la avenida Corrientes Guerrín,
Serafín, Los Inmortales, Las Cuartetas, El Palacio de la Pizza y Pin
Pun. También en la década del 30 nació una pizzería en Villa Crespo
que se convirtió en un clásico del rubro: Angelín, en Córdoba 5270,
donde se jactan de ser los creadores de la "pizza canchera", que lleva
sólo salsa y condimentos y que se servía, por entonces, fría.

Ya para los años 50, las pizzerías porteñas alcanzaban su apogeo tanto
en la zona del centro como en los barrios de la ciudad más alejados,
como Carlín, en Iriarte al 2800; El Griego, en Beiró al 5200; Yiyo, en
Rivadavia al 11500, y Toscanín, en Caseros al 3000.

En los 80, se observó la aparición de la pizza a la parrilla, que
impulsaron las casas Grappa, Morelia y, más tarde, Salomón Rey, y en
las puertas del nuevo siglo comenzaron a integrarse a las modernas
guías gastronómicas de los "restó". "Ya sea de molde, media masa, a la
piedra o a la parrilla, en versión napolitana, de anchoas, de jamón y
morrones, de verdura o la irremplazable muzzarella, la pizza es, sin
lugar a dudas, una porción de Buenos Aires", concluyen los
especialistas en el libro, que será presentado mañana a las 18:30, en
Sarmiento 1983.

Bosques de Palermo Diet

Bosques de Palermo Muchos vecinos de esta bendito barrio de Palermo no nos damos cuenta de la bendición que tenemos. Vivimos a unas cuadras, a los sumo veinte, de uno de los mayores espacios verdes que cualquier ciudad del mundo pueda tener. Y no lo aprovechamos.

Los bosques de Chapultepec, los Campos Eliseos o el Central Park, modestamente hablando, no tienen nada que hacer al lado de Palermo, si, con los travestis incluidos. Y de yapa. Pero esa actividad la dejamos para la noche y sus clientes.

¿Cuántos políticos serán clientes?

Pero no era este el motivo de la nota. No. Por algún motivo el tema de los travestis se convierte en recurrente cuando hablamos de Palermo y nos olvidamos del inmenso espacio verde que tenemos ahí, al alcance de la mano.

En el peor de los casos tenemos que andar esquivando algunos profilácticos y chau. No es tan grave.


Cuando uno tiene un espacio verde de tamaño valor no puede desaprovecharlo. Bajo ningún punto de vista. Es que un parque tan hermoso con su Rosedal, sus paseos, sus lagos y otras yerbas constituyen un maravilloso lugar para el esparcimiento, para salir a pasear, para invitar a una pareja o para filosofar.

No es lo mismo pensar sobre el sentido de la vida en Esmeralda y Sarmiento que al lado del Planetario.

Bajo ningún punto de vista. El contacto con la naturaleza, el aire más o menos limpio, algún canto de pájaro nos reubica en nuestro verdadero lugar en este Planeta.


Además, ya es archi conocido que para mantener un estado saludable y adelgazar esos kilos que tenemos de más, la actividad aeróbica es esencial. Los especialistas en salud recomiendan caminar unas setenta cuadras por día, o sea siete kilómetros por día.

Eso garantiza una ostensible mejora en el sistema cardiovascular y respiratorio. Acelera el metabolismo. Secreta endorfinas, las hormonas del placer.

Ayuda a superar depresiones. En fin. Y no es lo mismo caminar por el centro de Quilmes, con todo respeto lo decimos, que alrededor de los Lagos de Palermo.

Así que vecinos , “si deseáis vuestra salud mejorar, salgan a caminar”. Caminar una hora a un ritmo más o menos rápido, permite quemar unas trescientas calorías. Lo que sí, al caer el sol, eviten pasar por el Rosedal, a menos que necesiten gastar unos mangos, o...ganar unos mangos (tacos altos mediante).

Notita de la redacción: Ay Magneto, ¿por qué siempre hablando de lo mismo?

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